Crisis sanitaria y la importancia de la autonomía regional

Por Tamara Bustamante

Jefa Carrera Enfermería Universidad de Aysén

A cuatro meses del brote de COVID-19 en Chile, y bajo todos los esfuerzos por controlar esta pandemia, hoy se habla de una” leve mejoría”. Una leve mejoría que incluso induce a pensar en un desconfinamiento por parte de las autoridades sanitarias, como lo mencionó el ministro de salud Enrique Paris el pasado 8 de julio en los medios de comunicación.

La región de Aysén es una de las que ya comenzó con este desconfinamiento considerando que, a la fecha, ha presentado bajos índices respecto al país, la positividad de exámenes PCR más bajos, baja ocupación de camas UCI. Sin embargo, se hace necesario mencionar ciertas particularidades territoriales, que la diferencian del resto del país. El aislamiento y la dispersión geográfica es una de ellas.

Para ilustrar las distancias y la relevancia que adquieren, cuando usamos como ejemplo el caso de Coyhaique, capital regional y la localidad de Villa O’Higgins. Entre estas dos localidades existe una distancia de 571 kilómetros, que toman cerca 12-13 horas de viaje vía terrestre y marítima.

La condición climática es otra particularidad que incide en enfermedades de tipo respiratorias en población más vulnerable como son niños y adultos mayores sobre todo en época invernal; y el acceso a la salud, considerando que solo existe un hospital de alta complejidad para toda la región, con una dotación de sólo 8 camas UCI para una población de 107.297 habitantes. Esta región día a día contempla expectante el aumento de la incidencia por COVID-19 y que, a diferencia del resto del país, es una de las pocas regiones que no cuenta con un sistema de salud municipalizado, trayendo como consecuencia que las demandas asistenciales se centran en un solo sistema: el servicio público.

En este contexto, se hace necesario trabajar en la descentralización de las medidas que se están abordando en las etapas iniciales del desconfinamiento, considerando distintos actores, como sociedad civil, actores políticos y equipos técnicos de salud, sumado a ello las condiciones socioeconómicas y las características particulares de la sociedad en la que se ejecutan estas medidas.

En este punto hago un llamado a reflexionar sobre la relevancia de la autonomía regional para la toma de decisiones, de acuerdo a las necesidades y realidades locales, sobre todo en ámbitos tan esenciales y complejos como la salud.

A diferencia de como se ha planteado inicialmente, este desconfinamiento debería ser progresivo, estructurado, con un plan de trazabilidad eficiente que al día de hoy no existe y a esto se suma el bajo porcentaje de testeo (tasa diaria de 25 testeos por cada 100.000 habitantes, es decir, 0,25 por cada 1.000 habitantes), con criterios epidemiológicos establecidos, que serán esenciales para una adecuada planificación y ejecución de cada medida. Esta planificación deberá ser trabajada por los distintos actores y referentes, pero lo que es más relevante es que debe ser con adecuaciones específicas a la realidad regional, considerando la pertinencia de estas y que estamos frente a un sistema de salud extremadamente vulnerable frente a emergencias sanitarias.

Respecto a las cinco medidas que se implementaron me gustaría abordar dos de ellas, como es el caso de los adultos mayores sobre 75 años que podrán salir a caminar una vez al día, sin considerar que es una población vulnerable que no sólo se enfrenta al riesgo de contraer el COVID, sino a desarrollar patologías respiratorias sobre todo en esta época donde las bajas temperaturas son críticas, sumado a los altos índices de contaminación ambiental, dejándolos aún más expuestos.

Por otro lado, se hace referencia a la apertura de cines y teatros con un porcentaje de operacionalización, sin embargo, en nuestra región no contamos con esos servicios.

Frente a lo anteriormente expuesto se hace necesario un protocolo de trabajo por etapas, considerando las características de cada población, con una mesa de trabajo establecida y organizada.