Fruta fresca de la Patagonia para la Patagonia ¿Es posible?

Para quienes viven desde la Región de Los Lagos al norte, ir al supermercado o feria y tener acceso a una abundante variedad de fruta y verduras frescas es algo cotidiano. Para quienes vivimos en plena Patagonia no lo es.

En Coyhaique encontrar una pera jugosa, una mata de cilantro o una acelga verde y fresca a buen precio durante todo el año es casi imposible. Ni hablar más hacia el interior de la región de Aysén, donde los precios suben por el transporte. Este es uno de los efectos de vivir en una zona extrema, bastante aislada y relativamente poco poblada. Pero entonces, ¿a quién le interesa esta realidad?, no es aventurado responder que solo a los aiseninos.

Lo que hoy consumimos en Aysén es caro y podríamos potenciar su calidad.

Es por eso que una de las prioridades de nuestra Universidad de Aysén, es explorar, desde la ciencia, la factibilidad de generar lo que llamamos la “soberanía alimentaria con conciencia social y sustentabilidad agrícola” de la región, mediante fondos públicos como el Capital Semilla UAysén “Identificación y valorización del patrimonio frutícolas en la zona Patagónica de Coyhaique” y el FONDECYT 3180754.

Y la pregunta del millón ¿es posible eso?

La respuesta no es sencilla, pero algunas personas tenemos la responsabilidad y ganas de generar ciencia en forma conjunta con los aiseninos a partir de sus necesidades e intereses. Hoy en día, existen experiencias exitosas en al borde del Lago general Carrera, en Puerto Tranquilo. Allí en invernaderos muy sencillos y otros más tecnificados, han sido capaces de producir tomates y zapallos de distintas variedades.

En la carrera de Agronomía de la Universidad de Aysén levantaremos las especies frutales que pudiesen tener fines productivos. Ya hemos encontrado distintos eco tipos de cerezas, manzanas, chaura y frutillas nativas, algunas con mucho contenido de azúcar y otras con poco, entre otras características. Todo indica que hay potencial productivo, pero en especies muy específicas y propias de la Patagonia. El sueño es que los propios aiseninos puedan producir, comercializar y consumir sus propias frutas y verduras durante gran parte del año.

No será de un día para otro. Estamos iniciando un camino que demorará 10 ó 15 años, que debe ir acompañado de un cambio cultural, ciencia y tecnologías aplicadas al sector frutícola. Nadie aspira a que la producción ganadera sea desplazada, por el contrario, la idea es que los agricultores tengan la alternativa de elegir y puedan diversificar los rubros. Los sistemas agrícolas más potentes son aquellos capaces de diversificar distintos rubros y ser cada día más ecológicamente sustentables. Por nuestra condición geográfica y situación de conectividad en Aysén, necesitamos tender hacia la auto sustentabilidad alimentaria. Y quizás, en un futuro no tal lejano, que en el norte puedan elegir frutas patagonas.